Supieras todos los estados que he escrito en tu nombre,
podrías leer todas las letras que he expulsado de mis entrañas y he convertido
en escritos de un blog… esas cosas que me causan en mi nostalgia, rabia,
incertidumbre, ansiedad y tantas otros sentimientos encontrados a causa de tu
inexistencia terrenal.
Sabrías cuantas cosas han cambiado y cuales otras siguen
igual. Como ha crecido aquella niña que robo más que tu atención con su
nacimiento.
Te diría por el chat que te busco siempre aún cuando tu
recuerdo es cada día más difuso. Que suelo encontrar trocitos de ti en personas
con las que me he cruzado y se me hace casi imposible despegar mi atención de
esos personajes. Podría decirte que a tu partida imaginaba que algún día
volverías como si todo hubiese sido una pesadilla más de las que tanto tuve.
Te enviaría un mensaje para decirte que ahora anhelo que
aquel día hubiese sido una de esas veces en las que te hacías la muerta solo
para ver mi reacción. ¿Alguna vez te enteraste de que, aun siendo yo tan niña,
se me quebraba el corazón con tu jueguito?
Tal vez podrías ver alguna foto en la que apareces y detrás
de ella descubras los deseos que impregnan el alma mía. Deseos de ver los
cambios que harían los años con tu cuerpo, con tu carácter, con nuestras vidas…
Creo que es imposible que tengas un perfil en Facebook.
Desconozco, también, si en donde estas puedes saber estas cosas. De hecho tengo
la incertidumbre de no saber si realmente estas en algún lugar aparte de mi
mente, de mi corazón y de mis recuerdos.
Lo que sí sé es que estuviste en mi vida. Que ocupabas,
físicamente, un espacio. Que hacías muchas cosas, que casi logras otras tantas…
y que un día todo esto se frisó para dar paso a lo que hoy vivo sin ti.
Si tuvieras Facebook escribiría en tu muro “Ven, solo a
darme un abrazo”.
